lunes, 12 de noviembre de 2007

Cuando queen sorprendió al mundo

A fines de 1975, mientras el punk fermentaba en los suburbios de Londres, Queen barrió con todo lo conocido hasta entonces. Después de tres discos (Queen, Queen II y Sheer Heart Attack) y éxitos como Killer Queen, la banda de Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor daría el zarpazo con un álbum bisagra en la historia del rock: Una noche en la Opera.


El disco —cuyo título homenajea a la película de los Hermanos Marx— es una perfecta combinación de music hall, coros operísticos, jazz y rock and roll. Con una producción pretenciosa y un trabajo grupal obsesivo, el single fue una genialidad inusitada: Rapsodia bohemia. La célebre parodia lírica de Mercury duraba cinco minutos cincuenta segundos y fue número uno en las radios durante semanas. La historia cuenta que, previamente, Mercury le dio el demo del tema a un amigo programador de radio que, cuando la escuchó, no pudo resistirse y la pasó 16 veces en un día. Los oyentes hicieron colapsar la central telefónica.


En el revelador DVD The making of A Night at the Opera que acaba de salir se pueden escuchar los detalles épicos de la producción por parte de Brian May, Roger Taylor, técnicos e ingenieros que participaron en el disco. Sólo la cantidad de pistas utilizadas y las múltiples capas sonoras utilizadas en la parte operística de Rapsodia... significaron una revolución para la época. "Teníamos como modelo a Los Beatles de Rubber Soul, Revolver y Sargent Pepper", confiesa Taylor. Este afán de riesgo y la preocupación por la producción están en el libro Good Vibrations: A History of Record Production, de Mark Cunningham, en el capítulo Bohemian Rhapsody - Just One Galileo. Era, hay que decirlo, una época en que los músicos estaban embelesados con el estudio y sus posibilidades tecnológicas (ver La suntuosa punta del iceberg); ese embelesamiento provocó, entre otras causas, el nacimiento del punk y la urgencia de hacer rock con dos tonos y devolverlo a la calle.


El DVD rescata declaraciones de Mercury, su ambición y su necesidad "de conmover". "Quería emocionar. Y sabía que podíamos. Para hacer un disco así se necesita arrogancia y confianza. Y nosotros la teníamos", dice Mercury en una vieja entrevista. Taylor pone en foco la figura del cantante y pianista: "Freddie es recordado ahora como alguien del espectáculo. Pero era un gran músico: tenía un sentido del ritmo y del tiempo increíbles. Era preciso y sabía lo que quería".


Además de Taylor y May (Deacon, confinado y enojado con el show business, no quiere saber nada de Queen), el eje narrativo de The making of... lo llevan adelante protagonistas de la concepción del disco como Bob Mercer (de EMI), Jac Holzman (de Elektra Records), el didáctico ingeniero Gary Lyons y el productor Roy Thomas Baker. Todos coinciden en el poderío artístico de cada uno de los miembros de la banda. "Hacían canciones de un modo individual pero como parte de la estética de Queen", dice Lyons. Mercury avanza en ese sentido: "El autor de cada tema es el jefe. El resto va detrás de la idea". De hecho, en Una noche en la Opera brilla la bellísima (You''re my Best Friend) de Deacon y I ''m in Love with my Car de Taylor. El resto, obras maestras de May como The Prophet''s Song y ''39 y de Mercury (Love of my Life, la ácida Death on Two Legs, el fox trot Seaside Rendezvous, Bohemian Rhapsody).


Después la banda sacaría otros discos memorables como Un día en las carreras, Noticias del mundo y Jazz. A partir de The Game (1980), Queen se desperfila y abandona, digamos, la experimentación y el buen gusto. Quedan las palabras melancólicas de Brian May: "Aquél fue un momento alto. A Night at the opera fue nuestro Sargent Pepper".
Fuente : clarín digital.